Padre Miquel Ferrer

Nació en Palma de Mallorca el 20 de noviembre de 1770, en el seno de una familia humilde, siendo el segundo hijo de Miguel Ferrer Font, de profesión escribano, y de Joana Bauçà Rosselló. El ambiente familiar promovía los valores del pueblo mallorquín y la defensa de la propia mentalidad y cultura, sin duda esto marcó una clara línea de influencia en la vida de Miguel Ferrer.

 

Siendo muy joven ingresa en el Seminario de Palma, pero el trato con algunos trinitarios que impartían clase en la Universidad de Palma, donde Miguel estudiaba filosofía y teología, le llevan a solicitar el ingreso en el convento trinitario del Santo Espíritu en Palma de Mallorca en 1790, allí vivió hasta la exclaustración de 1835.

 

Continuó sus estudios filosófico-teológicos ya como profeso trinitario y recibió la ordenación sacerdotal en 1795. Se había estado preparando para seis oposiciones de cátedra en la Universidad de Palma de Mallorca: dos de teología lulista, de filosofía lulista, de retórica, de sagrada escritura y de teología escotista.

 

El mismo año de su ordenación gana por oposición la cátedra de filosofía lulista en la Universidad de Palma, y la mantendrá hasta su renuncia a la plaza docente en 1816.

 

El padre Ferrer renunció a la lucha contra el estado laico y también a mantener las estructuras de la Orden en un tiempo en que los frailes vivían dispersos y con prohibición de vestir su propio hábito, y se orientó a un cristianismo más evangélico. Vivió hasta su muerte como párroco en la pedanía de La Vileta.

 

La edad y las circunstancias moderaron su carácter impetuoso pero no su compromiso con el pueblo sencillo, siguió ganando admiración y estima. Con la ayuda de la feligresía comenzó la construcción de un nuevo templo, cada domingo los aldeanos subían a la montaña a coger piedras para la construcción, todos grandes y pequeños ilusionados para tener un Templo para celebrar la eucaristía. El P. Ferrer ya había hecho anteriormente en el pueblo natal de sus padres, Capdepera, y en la Casa de la Misericordia de Palma.

 

El 7 de enero de 1857 murió entre el cariño de sus fieles, su fama de “santo” corría en boca de todos, un hombre entregado, sus prédicas famosas ya en su tiempo, donde nobles, gentes de todos los rincones de la Isla acudieron a rendirle homenaje.

 

Fue tanta la gente que quiso acudir a su entierro que el cuerpo estuvo expuesto en la iglesia durante 10 días.   Su cuerpo incorrupto  reposa en la misma iglesia que él construyó.

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© PARROQUIAS DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN (LA VILETA) Y DE SAN ROQUE (SON ROCA)